Antecedentes
En
1963, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley para los Centros
comunitarios de Salud Mental, con lo que planteó el escenario para importantes
cambios en el tratamiento de individuos con enfermedades mentales crónicas. Los
hospitales estatales, los ambientes fundamentales para el tratamiento de
trastornos mentales durante un siglo y medio, comenzaron a dar salida a los
pacientes de largo tratamiento hacia la comunidad. Aunque se dio de alta a los
pacientes, se cerraron los hospitales del Estado y se abrieron los centros de
salud mental, muchos pacientes no fueron contactados con los centros de tratamiento
comunitario.
Para
las personas que se han vuelto mentalmente enfermas en años más recientes, la
hospitalización en instituciones del Estado ha sido más corta, y la condición
de aquellas al ser dadas de alta ha sido con frecuencia menos estable.
Muchos
miembros del personal de servicios para crisis hallan que estos pacientes son
frustrantes, porque los mismos con frecuencia representan un fracaso del
tratamiento o un desgaste de los recursos del personal. Algunos pacientes ni
acatan el tratamiento ni complementan las canalizaciones. Muchos son adictos al
alcohol y las drogas.
Pepper
y otros también observan que el problema común entre todos estos pacientes es
su aguda vulnerabilidad a la tensión, su dificultad para hacer relaciones
estables que les sirvan de apoyo, su incapacidad para obtener y conservar algo
bueno en sus vidas, y sus repetidos errores de juicio
Enfermedad mental y crisis
Características
de la enfermedad mental y su relación con la crisis tienen un efecto directo
sobre las estrategias de intervención.
-Síntomas:
ciertos síntomas son comunes en los individuos con enfermedad mental, las
distorsiones de la percepción y las dificultades en el pensamiento, también las
perturbaciones en el estado de ánimo. Cualesquiera, en un paciente que presenta
crisis debería observarse y señalarse como parte de la fase de evaluación de la
terapia para crisis.
-Descompensación:
los individuos con enfermedad mental son vulnerables a las crisis de
descompensación psicológica, la exacerbación o reaparición de síntomas que
habían estado bajo un control al menos parcial, por un cierto periodo. Puede
ocurrir por una razón no identificable, por razones relacionadas con la
medicación, ciclos del estado de ánimo, o utilización de drogas, o como una
respuesta ante una crisis o tensión en curso.
-Diagnóstico
como crisis: el que se descubra y se diagnostique que se tiene una enfermedad
mental puede ser una crisis en sí misma. La edad más frecuente para el ataque
de una enfermedad mental se presenta al final de la adolescencia y al inicio de
los 20 años. Por momentos, el inicio de la enfermedad es lento e insidioso, y
de modo inicial puede aparecer como parte de la adolescencia normal. Un
diagnóstico de enfermedad mental usualmente llega como consecuencia de algún
tipo de crisis o comportamiento incontrolable, pero, de nuevo, el diagnóstico
en sí mismo también puede representar una crisis.
-Limitaciones
impuestas por la enfermedad: la enfermedad mental puede redundar en numerosos
deterioros y pérdidas. Los problemas de pensamiento y estado de ánimo que
resultan de la enfermedad mental, con frecuencia limitan las capacidades de los
individuos para manejar futuras situaciones de crisis. Las hospitalizaciones
prolongadas y los periodos de inestabilidad pueden interferir con las
relaciones sociales y el funcionamiento profesional.
-Pérdidas
familiares y financieras: con frecuencia de cara a las enfermedades mentales y
a las graves pérdidas que experimentan sus víctimas, otras crisis vitales
cobran demasiada importancia. Las familias, y en especial los padres, pueden
funcionar como un recurso de apoyo importante. Puede obtener apoyo emocional y
financiero. En tanto los padres envejecen o mueren, los efectos sobre un hijo o
una hija mentalmente enfermos pueden ser incluso más devastadores, por la
dependencia de la persona respecto de sus padres, y la falta de otros apoyos
sociales.
-Instancia
en los ambientes para el tratamiento: los individuos con enfermedad mental
crónica con frecuencia tienen aptitudes sociales limitadas y unos cuantos
apoyos sociales. La red social para un individuo con enfermedad mental con
frecuencia está limitada a los miembros de su familia, otros individuos con
enfermedad mental y al personal o los programas para los mentalmente enfermos.
Pero los ambientes para el tratamiento psiquiátrico, particularmente en el
sector público, con dicha frecuencia tienen índices altos de cambio de
personal. Cuando un miembro confiable del personal abandona una institución,
los pacientes pueden experimentar una crisis.
-Maltrato
físico y sexual: muchos individuos con enfermedades mentales han sido
maltratados física y sexualmente. Aun la hospitalización no es garantía contra
el maltrato, por cuanto otros pacientes pueden ser agresivos y ofensivos. Los
individuos mentalmente enfermos con frecuencia no atestiguan de una manera
creíble en los procesos de tribunales. Como resultado, los individuos con
enfermedad mental grave y persistente son un grupo privado de sus derechos
ciudadanos, con frecuencia hechos víctimas y cuyos victimarios reciben escasas
coincidencias.
Primeros auxilios psicológicos
Los
principales objetivos son el proveer apoyo, reducir la mortalidad y el ayudar
al paciente a enlazarse con los recursos necesarios. En situaciones de urgencia
con pacientes mentalmente enfermos, con frecuencias los pasos para reducir la
mortalidad deben darse antes de que puedan seguir su curso intervenciones. Las
intervenciones que implican el uso de la fuerza pueden limitar la armonía entre
aquellos que recurren al paciente y éste mismo. pero muchas veces un paciente
fuera de control se siente tranquilizado por los esfuerzos de otros por
refrenarlo y controlarlo, y por mantenerlo a salvo. En tales casos, la
intervención para la reducción de la mortalidad también funciona para realizar
el contacto psicológico inicial, y suministra apoyo para controlar los ímpetus
del paciente.
1.
Realización del
contacto psicológico
La
mayor parte de las situaciones con personas mentalmente enfermas no requerirán de
medidas extremas para reducir la mortalidad. Por tanto, en muchos casos la meta
inicial será realizar el contacto psicológico y poner algo de calma en la
situación. En el caso de los pacientes crónicamente enfermos de la mente, esta
meta inicial se complica con frecuencia por la sintomatología que muestran. La
manera en que el paciente es abordado en el aspecto físico es importante. El asistente
puede necesitar que a aquél se le mueva lentamente, con calma, y de manera
deliberada, de modo que no se incrementen su temor y su paranoia. Quien
interviene también estará tratando de obtener alguna apreciación inicial acerca
de qué ocurrió. En los sujetos mentalmente enfermos, las reacciones son algunas
veces difíciles de evaluar.
2.
Análisis de las
dimensiones del problema
En
la actualidad este proceso puede haberse comenzado desde el momento en que el
asistente ve por primera vez al paciente. Las observaciones acerca de éste y de
sus procesos de pensamiento y emociones se están haciendo ya, en tanto que el
asistente puede elaborar hipótesis tentativas con respecto al funcionamiento
general del paciente, así como en cuanto a la crisis en sí misma. Al definir el
problema de individuo con enfermedad mental que fue llevado para la atención de
un proveedor de servicio, el asistente debe buscar una respuesta para la
pregunta: “¿De quién es este problema?”
Por
momentos la persona mentalmente enferma no considerará que está en una crisis,
pero el comportamiento del individuo habrá creado una crisis dentro del
sistema, lo mismo en la comunidad que en su familia. Es
importante identificad en una etapa inicial de la intervención qué aspectos de
la situación necesitan encauzarse ahora, y cuáles de ellos pueden manejarse
después. En el caso de los individuos mentalmente enfermos, con frecuencia una
necesidad inmediata es la de intervenciones médicas y psiquiátricas
específicas, para encauzar la grave exacerbación de los síntomas que se
precipitan o resultan de las crisis.
3.
Análisis de
posibles soluciones
Una
vez que el periodo inmediato y el de largo plazo se han analizado, el asistente
puede ayudar al paciente en el análisis de qué soluciones se han intentado y qué
fue negativo y qué fue positivo en cada uno de estos intentos. Juntos,
asistente y paciente pueden crear opciones para resolver el problema de
inmediato. Como con cualquier otro individuo, el paciente mentalmente enfermo
debería asumir tanta responsabilidad para la determinación de soluciones como
sea posible.
4.
Ejecución de
acción concreta
Si
un paciente tiene un alto riesgo de mortalidad o es incapaz de atender a las
necesidades básicas para la supervivencia, el asistente necesitará tomar un
mayor control de la situación. Mientras menos restrictiva y controlante sea la
acción, es mejor, como regla general. Sin embargo, con los individuos altamente
mortales o psicóticos, el asistente deberá no inhibirse de realizar y ejecutar
una decisión en beneficio del paciente.
5.
Seguimiento
Lo
mismo que para las otras áreas abordadas antes, por las limitaciones
cognoscitivas y de otra índole, que algunas veces imponen las enfermedades
mentales al realizarse las gestiones para contactos más amplios, el asistente
necesitará ser directo y específico. Es particularmente importante que quede
claro que se ha cumplido con un enlace apropiado con los servicios respectivos.
El seguimiento, que incluye el enlace con servicios apropiados en
funcionamiento, con frecuencia significa contactar a un paciente con los
asistentes que conocen al individuo y le han provisto de tratamiento o apoyo en
el pasado. Sin embargo, el asistente debería tratar de determinar por qué este
apoyo del pasado no fue contactado en la crisis actual y si es probable que el
paciente utilice tal referencia anterior.
Mortalidad y enfermedad mental
Las
tasas de suicidio e intentos de éste son mucho más altas entre los individuos
con enfermedad mental. El comportamiento agresivo y el homicidio pueden también
ser un riesgo, y a estos asuntos se les debe poner un tacto cuidadoso cuando se
suministren los primeros auxilios psicológicos a un paciente de este tipo.
Suicidio
Los
muestreos de individuos que se han quitado la vida han demostrado altos índices
de hospitalización psiquiátrica y trastornos mentales, en especial depresión,
alcoholismo y esquizofrenia. El proceso de evaluación de riesgo de suicidio en
los enfermos mentales se parece mucho al presentado para cualquier individuo.
Pero la naturaleza de la enfermedad mental, y los factores relacionados, son
variables. El riesgo elevado de suicidio puede persistir, e incluso empeorar,
aun después de que se han comenzado la intervenciones.
Comportamiento agresivo
En
general, los individuos con enfermedades mentales importantes son notablemente
no violentos. Sin embargo, individuos en particular pueden ser agresivos. La
violencia perpetrada por los enfermos mentales es más común en aquellos
pacientes psiquiátricos que tienen delirios paranoides o que experimentan alucinaciones
de mandato.
Automutilación y otros comportamientos
de daño autoinflingido
De manera común se encuentran con individuos que
no necesariamente desean o intentan cometer su suicidio, se provocan daño a sí
mismos de manera intencional. La automutilación grave es un fenómeno
relativamente infrecuente que ocurre en individuos muy perturbados.
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