viernes, 12 de octubre de 2012

Intervención en crisis para individuos con enfermedad mental grave y persistente

La teoría de las crisis supone que éstas son parte de la vida de todos los humanos, y que no son, en y por sí mismas, un reflejo de patología o enfermedad mental. En tanto que la mayoría de los modelos de intervención analizan la respuesta de los individuos “normales” a los traumas de la vida en incidentes de crisis, la experiencia del desarrollo de una enfermedad mental puede ser una crisis en y por sí misma, lo mismo que puede serlo una recaída después de un periodo de atenuación en el curso de una enfermedad mental.

                                     

Antecedentes

En 1963, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley para los Centros comunitarios de Salud Mental, con lo que planteó el escenario para importantes cambios en el tratamiento de individuos con enfermedades mentales crónicas. Los hospitales estatales, los ambientes fundamentales para el tratamiento de trastornos mentales durante un siglo y medio, comenzaron a dar salida a los pacientes de largo tratamiento hacia la comunidad. Aunque se dio de alta a los pacientes, se cerraron los hospitales del Estado y se abrieron los centros de salud mental, muchos pacientes no fueron contactados con los centros de tratamiento comunitario.
Para las personas que se han vuelto mentalmente enfermas en años más recientes, la hospitalización en instituciones del Estado ha sido más corta, y la condición de aquellas al ser dadas de alta ha sido con frecuencia menos estable.
Muchos miembros del personal de servicios para crisis hallan que estos pacientes son frustrantes, porque los mismos con frecuencia representan un fracaso del tratamiento o un desgaste de los recursos del personal. Algunos pacientes ni acatan el tratamiento ni complementan las canalizaciones. Muchos son adictos al alcohol y las drogas.
Pepper y otros también observan que el problema común entre todos estos pacientes es su aguda vulnerabilidad a la tensión, su dificultad para hacer relaciones estables que les sirvan de apoyo, su incapacidad para obtener y conservar algo bueno en sus vidas, y sus repetidos errores de juicio

Enfermedad mental y crisis

Características de la enfermedad mental y su relación con la crisis tienen un efecto directo sobre las estrategias de intervención.

-Síntomas: ciertos síntomas son comunes en los individuos con enfermedad mental, las distorsiones de la percepción y las dificultades en el pensamiento, también las perturbaciones en el estado de ánimo. Cualesquiera, en un paciente que presenta crisis debería observarse y señalarse como parte de la fase de evaluación de la terapia para crisis.

-Descompensación: los individuos con enfermedad mental son vulnerables a las crisis de descompensación psicológica, la exacerbación o reaparición de síntomas que habían estado bajo un control al menos parcial, por un cierto periodo. Puede ocurrir por una razón no identificable, por razones relacionadas con la medicación, ciclos del estado de ánimo, o utilización de drogas, o como una respuesta ante una crisis o tensión en curso.

-Diagnóstico como crisis: el que se descubra y se diagnostique que se tiene una enfermedad mental puede ser una crisis en sí misma. La edad más frecuente para el ataque de una enfermedad mental se presenta al final de la adolescencia y al inicio de los 20 años. Por momentos, el inicio de la enfermedad es lento e insidioso, y de modo inicial puede aparecer como parte de la adolescencia normal. Un diagnóstico de enfermedad mental usualmente llega como consecuencia de algún tipo de crisis o comportamiento incontrolable, pero, de nuevo, el diagnóstico en sí mismo también puede representar una crisis.

-Limitaciones impuestas por la enfermedad: la enfermedad mental puede redundar en numerosos deterioros y pérdidas. Los problemas de pensamiento y estado de ánimo que resultan de la enfermedad mental, con frecuencia limitan las capacidades de los individuos para manejar futuras situaciones de crisis. Las hospitalizaciones prolongadas y los periodos de inestabilidad pueden interferir con las relaciones sociales y el funcionamiento profesional.

-Pérdidas familiares y financieras: con frecuencia de cara a las enfermedades mentales y a las graves pérdidas que experimentan sus víctimas, otras crisis vitales cobran demasiada importancia. Las familias, y en especial los padres, pueden funcionar como un recurso de apoyo importante. Puede obtener apoyo emocional y financiero. En tanto los padres envejecen o mueren, los efectos sobre un hijo o una hija mentalmente enfermos pueden ser incluso más devastadores, por la dependencia de la persona respecto de sus padres, y la falta de otros apoyos sociales.

-Instancia en los ambientes para el tratamiento: los individuos con enfermedad mental crónica con frecuencia tienen aptitudes sociales limitadas y unos cuantos apoyos sociales. La red social para un individuo con enfermedad mental con frecuencia está limitada a los miembros de su familia, otros individuos con enfermedad mental y al personal o los programas para los mentalmente enfermos. Pero los ambientes para el tratamiento psiquiátrico, particularmente en el sector público, con dicha frecuencia tienen índices altos de cambio de personal. Cuando un miembro confiable del personal abandona una institución, los pacientes pueden experimentar una crisis.
 
-Maltrato físico y sexual: muchos individuos con enfermedades mentales han sido maltratados física y sexualmente. Aun la hospitalización no es garantía contra el maltrato, por cuanto otros pacientes pueden ser agresivos y ofensivos. Los individuos mentalmente enfermos con frecuencia no atestiguan de una manera creíble en los procesos de tribunales. Como resultado, los individuos con enfermedad mental grave y persistente son un grupo privado de sus derechos ciudadanos, con frecuencia hechos víctimas y cuyos victimarios reciben escasas coincidencias.

                                  

Primeros auxilios psicológicos

Los principales objetivos son el proveer apoyo, reducir la mortalidad y el ayudar al paciente a enlazarse con los recursos necesarios. En situaciones de urgencia con pacientes mentalmente enfermos, con frecuencias los pasos para reducir la mortalidad deben darse antes de que puedan seguir su curso intervenciones. Las intervenciones que implican el uso de la fuerza pueden limitar la armonía entre aquellos que recurren al paciente y éste mismo. pero muchas veces un paciente fuera de control se siente tranquilizado por los esfuerzos de otros por refrenarlo y controlarlo, y por mantenerlo a salvo. En tales casos, la intervención para la reducción de la mortalidad también funciona para realizar el contacto psicológico inicial, y suministra apoyo para controlar los ímpetus del paciente.

1.      Realización del contacto psicológico
La mayor parte de las situaciones con personas mentalmente enfermas no requerirán de medidas extremas para reducir la mortalidad. Por tanto, en muchos casos la meta inicial será realizar el contacto psicológico y poner algo de calma en la situación. En el caso de los pacientes crónicamente enfermos de la mente, esta meta inicial se complica con frecuencia por la sintomatología que muestran. La manera en que el paciente es abordado en el aspecto físico es importante. El asistente puede necesitar que a aquél se le mueva lentamente, con calma, y de manera deliberada, de modo que no se incrementen su temor y su paranoia. Quien interviene también estará tratando de obtener alguna apreciación inicial acerca de qué ocurrió. En los sujetos mentalmente enfermos, las reacciones son algunas veces difíciles de evaluar.

2.      Análisis de las dimensiones del problema
En la actualidad este proceso puede haberse comenzado desde el momento en que el asistente ve por primera vez al paciente. Las observaciones acerca de éste y de sus procesos de pensamiento y emociones se están haciendo ya, en tanto que el asistente puede elaborar hipótesis tentativas con respecto al funcionamiento general del paciente, así como en cuanto a la crisis en sí misma. Al definir el problema de individuo con enfermedad mental que fue llevado para la atención de un proveedor de servicio, el asistente debe buscar una respuesta para la pregunta: “¿De quién es este problema?”
Por momentos la persona mentalmente enferma no considerará que está en una crisis, pero el comportamiento del individuo habrá creado una crisis dentro del sistema, lo mismo en la comunidad que en su familia. Es importante identificad en una etapa inicial de la intervención qué aspectos de la situación necesitan encauzarse ahora, y cuáles de ellos pueden manejarse después. En el caso de los individuos mentalmente enfermos, con frecuencia una necesidad inmediata es la de intervenciones médicas y psiquiátricas específicas, para encauzar la grave exacerbación de los síntomas que se precipitan o resultan de las crisis.

3.      Análisis de posibles soluciones
Una vez que el periodo inmediato y el de largo plazo se han analizado, el asistente puede ayudar al paciente en el análisis de qué soluciones se han intentado y qué fue negativo y qué fue positivo en cada uno de estos intentos. Juntos, asistente y paciente pueden crear opciones para resolver el problema de inmediato. Como con cualquier otro individuo, el paciente mentalmente enfermo debería asumir tanta responsabilidad para la determinación de soluciones como sea posible.

4.      Ejecución de acción concreta
Si un paciente tiene un alto riesgo de mortalidad o es incapaz de atender a las necesidades básicas para la supervivencia, el asistente necesitará tomar un mayor control de la situación. Mientras menos restrictiva y controlante sea la acción, es mejor, como regla general. Sin embargo, con los individuos altamente mortales o psicóticos, el asistente deberá no inhibirse de realizar y ejecutar una decisión en beneficio del paciente.

5.      Seguimiento
Lo mismo que para las otras áreas abordadas antes, por las limitaciones cognoscitivas y de otra índole, que algunas veces imponen las enfermedades mentales al realizarse las gestiones para contactos más amplios, el asistente necesitará ser directo y específico. Es particularmente importante que quede claro que se ha cumplido con un enlace apropiado con los servicios respectivos. El seguimiento, que incluye el enlace con servicios apropiados en funcionamiento, con frecuencia significa contactar a un paciente con los asistentes que conocen al individuo y le han provisto de tratamiento o apoyo en el pasado. Sin embargo, el asistente debería tratar de determinar por qué este apoyo del pasado no fue contactado en la crisis actual y si es probable que el paciente utilice tal referencia anterior.

Mortalidad y enfermedad mental

Las tasas de suicidio e intentos de éste son mucho más altas entre los individuos con enfermedad mental. El comportamiento agresivo y el homicidio pueden también ser un riesgo, y a estos asuntos se les debe poner un tacto cuidadoso cuando se suministren los primeros auxilios psicológicos a un paciente de este tipo.

Suicidio

Los muestreos de individuos que se han quitado la vida han demostrado altos índices de hospitalización psiquiátrica y trastornos mentales, en especial depresión, alcoholismo y esquizofrenia. El proceso de evaluación de riesgo de suicidio en los enfermos mentales se parece mucho al presentado para cualquier individuo. Pero la naturaleza de la enfermedad mental, y los factores relacionados, son variables. El riesgo elevado de suicidio puede persistir, e incluso empeorar, aun después de que se han comenzado la intervenciones.
 
                                

Comportamiento agresivo

En general, los individuos con enfermedades mentales importantes son notablemente no violentos. Sin embargo, individuos en particular pueden ser agresivos. La violencia perpetrada por los enfermos mentales es más común en aquellos pacientes psiquiátricos que tienen delirios paranoides o que experimentan alucinaciones de mandato.
 
Automutilación y otros comportamientos de daño autoinflingido
 
De manera común se encuentran con individuos que no necesariamente desean o intentan cometer su suicidio, se provocan daño a sí mismos de manera intencional. La automutilación grave es un fenómeno relativamente infrecuente que ocurre en individuos muy perturbados.
 
                                      

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