domingo, 7 de octubre de 2012

Intervención en crisis a cargo del clero

Desde que surgió en 1963 el Acta de los Centros Comunitarios de Salud Mental, se ha considerado a los religiosos/religiosas como cruciales protectores de primera línea de la comunidad y, por tanto, han sido los lógicos receptores de la consulta en salud mental.

                                                             

El papel singular del clero

Stone (1976) considera a los ministros como los consejeros naturales para crisis, cuyas ventajas peculiares incluyen lo siguiente:

1 Muchos de los feligreses en crisis contactarán a su ministro antes de buscar y seleccionar a otros profesionales de la salud mental.

2 Se espera que los ministros vayan a donde están las personas, lo cual significa que ellos con frecuencia toman la iniciativa para llegar hasta aquellos que están en crisis, en lugar de simplemente esperar a que los feligreses vayan a ellos.

3 Los ministros presiden una variedad de rituales religiosos, muchos de los cuales se acompañan de transiciones para el desarrollo que cargan con un potencial de crisis.

4 El contacto continuo del ministro con los individuos y las familias permite el rastreo de la resolución de la crisis meses y años después del incidente de la crisis.

5 En virtud de su contacto en la congregación, los ministros pueden movilizar redes de apoyo social para ayudar a los individuos y familiares en crisis.

6 Puesto que el estado de crisis se acompaña de manera usual de sentimientos de ansiedad, desvalimiento, depresión, falta de merecimientos y de esperanza, es el ministro, en tanto representante simbólico de Dios el que puede ofrecer la fe como un contrapeso a estos sentimientos.

7 Puesto que el dominio cognoscitivo con frecuencia atañe de modo directo a las creencias religiosas, los ministros están preparados únicamente para facilitar este aspecto de la resolución de la crisis, en virtud de su educación teológica.

                                                             

Estrategias de orientación para crisis

Dos de los libros mejor conocidos sobre la materia presentan el modelo ABC de Jones (1968) como una guía para la intervención pastoral en situaciones de crisis:
A.      Alcanzar el contacto con el paciente.
B.      Reducir el problema a sus aspectos esenciales.
C.      Confrontarse de manera activa con un inventario de los recursos disponibles para el paciente.

Intervención en crisis de primera instancia a cargo del clero

Kadel (1980) ha sugerido que la consejería pastoral debe proyectarse para el uso en un número de diferentes situaciones sociales y ambientales, no sólo en medios de oficinas. Aunque el marco básico es el mismo que para otros consejeros, algunas características cambian como resultado del papel singular del pastor como un representante de la iglesia/sinagoga.

1.      Realización del contacto psicológico
Este primer componente tiene mucho en común con el modelo de consejería pastoral de Hiltner (1949). Cualquier cosa que el pastor sepa ya acerca de las técnicas centradas en el paciente (Rogers, 1951), y el uso de aseveraciones reflexivas o de escucha activa (Gordon, 1970), ayudará en la realización del contacto psicológico en situaciones de crisis.

2.      Examinación de las dimensiones del problema
Además de inquirir acerca del incidente precipitante, los intentos previos por salir adelante, la mortalidad y así sucesivamente, es importante para los ministros poner atención especial a los conflictos teológicos que pudieron haber suscitado el incidente de crisis. También se debería poner atención a lo que el feligrés quiere del ministro en ese momento particular.

3.      Exploración de las posibles soluciones
El más importante agregado a los procedimientos es la introducción, de parte del ministro, de los recursos eclesiásticos para facilitar el enfrentamiento, el ministro buscará maneras para utilizar los sistemas de apoyo de la congregación durante las principales crisis de la vida. Al seguir los principios de los PAP, la táctica es siempre, en cuanto al paciente, que haga por sí mismo tanto como sea posible, y, en cuanto al consejero, que de modo continuo ponga a prueba soluciones posibles.

4.      Asistencia para ejecutar acción concreta
Uno de los componentes más útiles del modelo de los PAP como se aplica a la consejería pastoral es la estructura de toma de decisiones, que se basa en la mortalidad y la capacidad del paciente en crisis para actuar en su propio beneficio, lo cual ayuda al ministro a determinar de modo exacto cuán implicado debería llegar a estar en la crisis y su resolución. El modelo de los PAP esbozado, requiere que las soluciones elegidas se basen en un cuidadoso examen de las dimensiones del problema y se seleccionen de una gama de alternativas, todas en el entorno de un planteamiento de “primero lo primero”. Por otra parte, si el mejor y próximo paso no puede darlo el paciente en ese momento, entonces se necesitara posiblemente más acción directiva.
 
5.      Seguimiento
Es esencialmente el mismo que para otros protectores de la comunidad, con una excepción: ésta es una función más natural para el clero, puesto que el cuidado continuo de parte del pastor al paso del tiempo se acepta bien y se espera como una responsabilidad pastoral.

                                                      

Terapia para crisis a cargo del clero

Existen al menos dos maneras en que los pastores pueden utilizar el planteamiento de terapia para crisis. En principio, los ministros con un amplio entrenamiento calificado en orientación, y cuya especie de trabajo diario incluye circunstancias análogas a las de otros profesionales de la salud.
En segundo lugar el clero parroquial, para el cual la orientación individual es sólo una de las varias obligaciones importantes, puede utilizar el modelo de terapia para crisis como una guía para las sesiones de orientación y como una ayuda en la distribución de los recursos de la congregación para facilitar la resolución de la crisis.

Supervivencia física

Una vez que un ministro ha determinado la necesidad de precauciones para preservar la vida como un contacto constante con una persona suicida, u otras medidas para mantener el bienestar físico, como son alimento, asilo, ejercicio o medicación, él/ella puede extraer de la congregación un grupo de ayudantes naturales.

Expresión de sentimientos

Muchas personas en crisis son muy reacias a admitir los sentimientos de dolor, culpa, ira, confusión y remordimiento. Para algunas, la renuncia está imbuida de una creencia de que los sentimientos son incorrectos a los ojos de la iglesia. Los ministros parroquiales tienen distintas oportunidades para legitimar la expresión de sentimientos. Debido a la sugestibilidad durante los episodios de crisis, muchos feligreses tendrán en cuenta a su ministro para la orientación sobre cómo manejar la confusión emocional.

Dominio cognoscitivo

El planteamiento del ministro para ayudar a los feligreses a ganar dominio cognoscitivo sobre una crisis, con frecuencia abarcara un análisis de problemas teológicos. Algunas veces la ira hacia dios se manifiesta contra el ministro visitante.
El dominio cognoscitivo abarca 3 pasos:
1. Comprensión de la realidad del incidente de crisis.
2. Analizar qué es lo que la persona en crisis cree/piensa acerca del incidente.
3. Análisis de las creencias a la luz de la realidad de la crisis.

Adaptaciones conductuales/interpersonales

Una vez que se ha asegurado la supervivencia física, han comenzado a expresarse los sentimientos y han surgido las interpretaciones intelectuales, será importante para la persona en crisis realizar cambios necesarios, el ministro puede pedir a otros en la congregación que ayuden con este difícil aspecto de la resolución de la crisis. Los ministros sensitivos a la necesidad de adaptaciones conductuales e interpersonales pueden ajustar los recursos de la congregación para ayudar.

Una mirada al futuro

Plantea algunas direcciones para el entrenamiento y la investigación futuros:

Primero, la instrucción acerca de las transiciones/crisis vitales predecibles que encaran los feligreses se está volviendo un importante componente del entrenamiento en la preparación de cualquier seminarista para el trabajo parroquial.

Segundo, el entrenamiento en consejería pastoral supervisada debería incluir tanto la intervención en crisis de primera como de segunda instancias, para casos que surjan en ambientes parroquiales.
 
Tercero, se necesita una cantidad considerablemente mayor de investigación sobre el número y tipo de crisis vitales que se presentan por sí mismas para los pastores y, de modo más amplio, sobre las mejores estrategias para lidiar con ellas.

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